Incremento de casos de Leishmaniasis cutánea preocupa a América Latina

Las autoridades de salud en la región han encendido las alarmas ante el aumento de reportes de una infección parasitaria que afecta severamente el tejido dérmico. La leishmaniasis cutánea, conocida popularmente en algunas zonas como el "botón de Oriente", está registrando brotes significativos en áreas rurales y periurbanas debido a los efectos del cambio climático, la migración humana y la expansión de asentamientos en zonas boscosas.

Esta patología se manifiesta mediante lesiones ulcerativas crónicas que suelen iniciarse como pequeñas pápulas o bultos. Con el paso de las semanas, estas marcas evolucionan hacia úlceras abiertas de bordes elevados con un centro necrótico o cubierto por costras, localizadas frecuentemente en partes expuestas del cuerpo como el rostro (cerca de los ojos), el cuello, la nuca y la espalda. Aunque suelen ser indoloras, la presencia de una infección bacteriana secundaria puede provocar dolor severo, inflamación y dejar cicatrices permanentes desfigurantes si no se interviene a tiempo.

¿Cómo se transmite y cuáles son sus manifestaciones?

La enfermedad no se transmite directamente de persona a persona. El responsable de la propagación es un insecto díptero hematófago (un tipo de jején o mosquito pequeño) del género Lutzomyia en el Nuevo Mundo, comúnmente llamado manta blanca, pito o gu some. Cuando la hembra de este insecto pica a un mamífero infectado (que actúa como reservorio, como roedores o perros) e inmediatamente después pica a un ser humano, inocula el parásito protozoario del género Leishmania en el torrente sanguíneo y tejido celular subcutáneo.

Principales síntomas clínicos:

  • Pápulas iniciales: Pequeños nódulos enrojecidos en el sitio exacto de la picadura.
  • Úlceras abiertas: Lesiones redondas con un cráter central limpio o con secreción, rodeadas de un anillo inflamatorio.
  • Afectación mucosa: En variantes más graves (leishmaniasis mucocutánea), el parásito puede invadir la mucosa nasofaringea destruyendo el cartílago.
  • Linfadenopatía regional: Inflamación de los ganglios linfáticos cercanos a la zona afectada.

Métodos de diagnóstico y cómo se puede curar

Para combatir la infección de manera efectiva, es fundamental acudir a un centro médico ante la aparición de cualquier úlcera sospechosa que no cicatrice en un periodo de dos semanas. El diagnóstico definitivo se realiza mediante un raspado o biopsia de la lesión cutánea para observar las estructuras del parásito (amastigotes) bajo el microscopio o a través de pruebas moleculares como la PCR.

Afortunadamente, la leishmaniasis cutánea se puede curar si se administra el protocolo médico adecuado. Las opciones estándar de tratamiento incluyen:

  • Antimoniales pentavalentes: Medicamentos como el antimoniato de meglumina o el estibogluconato de sodio, administrados de forma intramuscular, intravenosa o mediante infiltración local directa en los bordes de la herida.
  • Medicamentos orales: Fármacos como la miltefosina, empleados con éxito en cepas específicas del continente americano.
  • Antifúngicos y antibióticos: Medicamentos como el anfotericina B liposomal para casos complejos y antibióticos sistémicos en caso de que exista una infección bacteriana asociada en la úlcera.
  • Termoterapia o crioterapia: Aplicación de calor localizado o nitrógeno líquido para destruir el tejido infectado en lesiones pequeñas y controladas.

Mensaje esencial de higiene y prevención institucional

La higiene ambiental es nuestra primera línea de defensa contra los vectores. > Para frenar la proliferación del insecto transmisor en los hogares, es indispensable mantener un control estricto del entorno. Se recomienda limpiar constantemente los patios, eliminar la hojarasca acumulada, la materia orgánica en descomposición y los escombros donde el jején suele reproducirse. Asimismo, el uso de repelentes con DEET, la instalación de mallas finas o mosquiteros impregnados con insecticida en puertas y ventanas, y el cuidado higiénico de nuestras mascotas resultan vitales para salvaguardar la salud familiar y comunitaria.

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